El ser humano y su contacto con virus y bacterias.

El hombre ha interactuado con virus y bacterias desde sus orígenes en la Tierra. Podríamos pensar que el hombre moderno es inmune a todos los microorganismos que los antepasados enfrentaron en su tiempo, gracias a que crearon una adaptación y resistencia que ha permanecido y evolucionado con el paso del tiempo.

La medicina ha avanzado significativamente y ello nos ha permitido tener una esperanza de vida mucho más larga como especies. Enfermedades como la varicela, sarampión, tétanos, entre muchas otras ocasionadas por virus y bacterias, son controladas mediante la vacunación a nivel mundial; no obstante, este tipo de enfermedades conocidas no precisamente afectaron a las primeras poblaciones de homínidos. El mundo de antes era muy distinto al actual y poco se conoce sobre enfermedades prehistóricas.

Bacterias en el hielo ártico.
Bacterias bajo el permafrost ártico.

La ciencia ha confirmado que varios tipos de virus y bacterias de eras geológicas pasadas  quedaron “encapsulados en el tiempo” dentro de las enormes estructuras de hielo polar; mismas que ahora se derriten por el cambio climático.

Así como a lo largo y ancho del Monte Everest los cuerpos de numerosos montañistas están apareciendo en los últimos años conforme el hielo cede, tal cual sucede con los diminutos seres vivos que por miles de años no habían recibido la luz solar y que en su tiempo activo provocaron muchas muertes.

Virus y bacterias mortales (Video)

El humano vs. bacterias y virus desconocidos.

La pregunta que inquieta a los científicos es: ¿Qué pasaría si de pronto el humano tuviera que enfrentarse a virus y bacterias totalmente desconocidos y que posiblemente provoquen consecuencias mortales?

Virus de homínidos extintos como Neandertales podrían resurgir.

Y es que algunos de los virus que convivieron con neandertales y mamuts se han hallado en el permafrost del Ártico y Siberia . Estos son Pandoravirus, Mollivirus y Phitovirus Sibericum. Se determinó que los dos últimos llevaban ahí alrededor de 30,000 años, y en el caso de Phitovirus Sibericum se le denominó como un virus gigante por sus 1,5 micrómetros de largo, siendo el más grande hasta el momento. En 2014 fue “revivido” junto a una ameba a la que finalmente terminó matando por rotura.


Virus y bacterias debajo del hielo marino.
Enfermedades prehistóricas.

Para mediados del 2016 se reportó el deceso de un niño de 12 años y 20 personas hospitalizadas por infección por ántrax. Esto ocurrió en la remota península de Yamal, al noroeste de Siberia y se relacionó con el deshielo del área que posiblemente permitió la “liberación” de la bacteria.

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Los biólogos explican que el permafrost conserva en buen estado a microbios y virus debido a las condiciones frías, oscuras y sin oxígeno que provee. Reforzando el dato, recientemente se comprobó que existen bacterias que viven bajo el hielo de la Antártida a -13 grados Celsius, dentro de entornos con altas concentraciones de sal, sin luz ni oxígeno.

Los científicos creen con seguridad que bajo el hielo profundo hay microorganismos que datan de miles de millones de años, pero que por el momento podremos conocer a los más superficiales, dependiendo también de la aceleración del deshielo ante el calor solar. Que virus y bacterias puedan “regresar a la vida” después de tanto tiempo, es una alarmante muestra de que el cambio climático es una realidad.

Enfermedades mortales debajo de nosotros.

El derretimiento del permafrost es una seria amenaza biológica; pues los vectores de infecciones mortales de los siglos XVIII y XIX podrían retornar afectando a una humanidad con un sistema inmunológico “desprevenido”.

La pandemia de influenza (o gripe española) infectó a aproximadamente 500 millones de personas o lo que representó un tercio de la población mundial de 1918. A partir de esa fecha hasta 1920, se reportó la muerte de al menos 50 millones de personas a consecuencia de la enfermedad. Debido a sus magnitudes, aún se considera uno de los brotes más mortales registrados en la historia de la humanidad. Lo sorprendente es que fragmentos de ARN de la gripe española se hallaron en los cadáveres enterrados en una fosa común en Alaska.

“La viruela fue declarada oficialmente erradicada en 1980 y es la primera enfermedad combatida a escala mundial”. OMS

Otra enfermedad devastadora que causó muerte masiva como la viruela, podría estar enterrada en Siberia, o incluso, la peste bubónica que acabó con muchas vidas durante el siglo XIV, permanecería bajo las tierras de Europa.

Qué fue la Viruela.
Viriones del virus de la viruela. / Imagen de Dominio Público. CDC/ Dr. Fred Murphy; Sylvia Whitfield.

El descubrimiento de cuerpos que murieron por enfermedades mortales pero actualmente controladas o erradicadas, no representa un peligro en sí, aunque existe una muy pequeña probabilidad de que un virus reaparezca con capacidad infecciosa en una momia congelada y provoque una plaga. Por cuestiones éticas, no han intentado revivir ninguno de los patógenos.

No solo el deshielo libera microorganismos.

Es deshielo facilita el acceso a ciertas regiones que permanecieron congeladas por mucho tiempo, por lo que algunas actividades económicas como la minería o la extracción de petróleo se ven más favorecidas.

Sin embargo, los investigadores señalan que las excavaciones y perforaciones podrían exponer las antiguas capas del subsuelo con virus letales resguardados hace millones de años. Los estudios de esta índole aún son analizados.

Los patógenos también se conservan en sitios poco comunes, como cristales formados naturalmente dentro de minas profundas. Recientemente en 2017, científicos de la NASA anunciaron el descubrimiento de microbios de miles de años de antigüedad en una mina mexicana. Se calculó que estos organismos tenían entre 10 mil y 50 mil años de existencia.

En otra investigación realizada en Nuevo México, hallaron a 300 metros unos microorganismos de 4 millones de años.

Los peligros de exponer microorganismos.

Los Centros de Prevención de Enfermedades (CDC) en Atlanta, EUA, son considerados como cajas de Pandora. Es decir, que cualquier “apertura” por error humano podría desatar una catástrofe mundial. Esto es porque en sus instalaciones se conservan muestras de ébola, botulismo y viruela, con el objetivo de crear antídotos ante un brote inesperado.

Peste bubónica.
Yersinia pestis, enterobacteria que produce la peste negra o bubónica. / Imagen de Dominio Público por CDC/ Courtesy of Larry Stauffer, Oregon State Public Health Laboratory.

En Siberia, Rusia, específicamente en el Centro Estatal de Investigaciones en Virología y Biotecnología, se conserva legalmente la otra parte de muestras de viruela bajo estricta vigilancia. No obstante, también se cree que otros países potencia pudieran contener en secreto algunas muestras de virus mortales.

Mientras una parte de la sociedad aprueba el resguardo de microorganismos peligrosos, otra parte asegura que esto tiene más fondos políticos e históricos que de investigación. Pues entre Estados Unidos y Rusia es bien conocida una rivalidad que probablemente se mantenga pacífica por la intimidación biológica.

Lo que sí es un hecho, es que cualquier mínimo “bioerror” en cualquiera de ambas partes, podría desencadenar una catástrofe de niveles pandémicos; esto es, que una muestra de virus se pierda o salga de los límites permitidos, provocando una propagación acelerada.

Por otra parte, con referencia a los hallazgos en campos abiertos o minas, hasta el momento no se considera un mayor peligro para la humanidad; pero lo cierto es que tampoco se han valorado correctamente los riesgos debido a la imposibilidad para cuantificarlos.

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Con esto, se entiende que por el momento no representa una seria amenaza, pero los errores humanos podrían cambiar todo el panorama de un instante a otro. Los microorganismos podrían reactivarse como infecciosos y atacar nuestras defensas sin posibilidad de protegerse.

Aunque lo anterior es poco probable pero teóricamente posible, lo que también importa y mantiene ocupados a los científicos, es el panorama que se aproxima con relación a las enfermedades que se creían exclusivamente tropicales o ecuatoriales como la malaria, dengue, zika y cólera, que prosperan con mucho éxito en ambientes de temperaturas cálidas. Ahora con el cambio climático, los países más septentrionales que no registraban casos de estas enfermedades, podrían comenzar a hacerlo en pocos años. Especialmente en las poblaciones vulnerables a la proliferación de mosquitos y con poca cultura de prevención.



Referencias

bbc.com/mundo/vert-earth-39851987

elmundo.es/ciencia/2015/12/04/56603ed2e2704e64408b45a0.html