¿Cómo hacer una Introducción?

Una introducción se entiende desde su concepto, como la entrada atractiva de un discurso, ya sea textual o verbal. Pero en este caso nos enfocaremos más a la introducción en el ámbito textual.

La estructura de un texto se divide en introducción, desarrollo y conclusión. Esa primera parte denominada ‘introducción’ no es tan sencilla como parece. Es un texto de gran importancia del que dependerá que el lector continúe leyendo o busque otras opciones de lectura.

Una introducción debe incluir varios puntos sin ser excesiva y cansada. Debe ser clara pero tampoco debe revelar los aspectos más significativos hallados dentro del desarrollo del texto. Una introducción le muestra al lector lo que encontrará posteriormente y las aportaciones que hará a su conocimiento individual. Es por ello que escribir una introducción tiene su complejidad pero también su encanto.

Una introducción se utiliza para presentar o preparar el desarrollo de algún libro, ensayo, tesis, artículo o cualquier otro documento u obra respaldada por una investigación o proceso.

Algunas de las cuestiones que deben cubrirse dentro de una introducción pero de manera natural y fluida, son el tema a tratar, el enfoque otorgado, objetivo del texto y el modo que este nutrirá nuestro conocimiento. También se podrían añadir las limitaciones del trabajo realizado. En el caso de una tesis, por ejemplo, podría responderse también si se pretende comparar, describir, plantear, analizar, etc., etc.

como hacer una introduccion

Para realizar una buena introducción, considere los siguientes puntos importantes:

– Argumente el tema del que hablará. Es decir, explique el por qué creyó conveniente abordar el tema y por qué se está realizando. Que el tema central quede explícito.

– Mantenga un mismo estilo de escritura. Ese mismo que se utilizará en el resto del trabajo.

– Mantenga un orden y coherencia a lo largo de la lectura.

– Procure no tener ideas aisladas y poco relevantes.

– Puede proporcionar un dato numérico o textual muy importante (y real) para enganchar de forma honesta al lector e invitarlo a conocer el proceso con el que se llegó a obtener tal resultado.

– Recordemos que es válido añadir algunas preguntas iniciales, citas de otros autores, estadísticas reveladoras o algún otro elemento que refuerce o apoye el punto al que deseamos llegar.

– Un poco relacionado al apartado anterior, es correcto usar citas de otros autores pero no el expresar opiniones personales.

– En caso de que sea una introducción para un trabajo académico, respete el formato solicitado.

– Algunas personas prefieren dejar su introducción completa para después pensar en enfrentar el resto del trabajo. Lo que también es efectivo, es que antes del proyecto se redacte una introducción tipo borrador pero que trate de englobar todos los puntos importantes. Al final del trabajo, se ‘pulirá’ hasta completarla y perfeccionarla sin tener que iniciar desde cero.

– Al finalizarla, léala en voz alta para hallar errores gramaticales o de sintaxis.

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Extensión de una introducción

En la introducción se debe ser claro, breve y conciso. Esta no debe contener puntos repetitivos o reiterantes, pues parecerá que el autor está asumiendo una postura antes de desglosar y detallar asuntos específicos en el desarrollo hacia su lector.

Se debe ir directamente al punto, no olvidando mantener ese estilo que causará intriga o interés en quien lo lee.

Los parámetros generales utilizados en introducciones textuales, deben ir acorde con el volumen total del texto. Es decir, para discursos textuales extensos de más de 200 páginas puede redactarse hasta 1 1/2 o dos cuartillas máximo. Para menos de 100, bastará con una; pero en caso de pocas páginas puede escribirse entre 300 y 400 palabras de introducción. Esta no es una regla necesaria. Si el autor está satisfecho y considera que la introducción es completa y cumple con las expectativas antes planteadas, es aceptable.

Si es un texto que se leerá al público, de preferencia que no exceda de los cinco minutos, ya que crearemos el efecto contrario al interés.