Todos los años se revelan nuevas especies de plantas y animales, pero el descubrimiento de cetáceos es relativamente poco frecuente, ya que no es tan fácil hacer hallazgos bajo el agua como sobre la Tierra. Sin embargo, en los últimos 15 años se ha reconocido algunas especies, la última de las cuales nunca ha sido vista con vida por la comunidad científica.

Primeros Encuentros

Aunque se le ha divulgado como una nueva especie de ballena, esto puede prestarse a confusiones. En realidad se trata de un mamífero marino del grupo de los odontocetos, es decir, cetáceos o ballenas con dientes y no con barbas. En el año 2013, se encontraron tres cetáceos varados en las costas de Hokkaido, Japón, y cuando los científicos japoneses analizaron sus restos sugirieron que había una nueva especie, algo que no alcanzó la aceptación internacional ya que solo se había hecho pruebas de ADN en los tres animales muertos.

La incógnita no duró mucho. En 2014 encalló un mamífero marino en la costa rocosa de la isla Saint George, parte de las islas Pribilof, situadas en el mar de Bering, frente a Alaska.

Curiosamente, quien hizo el hallazgo fue un profesor de biología, que no dudó en consultar a un experto en lobos marinos para determinar la especie. Tras unos vistazos, la primera impresión fue que el desventurado animal era un berardio o zifio de Baird (Berardius bairdii), pero no estaban seguros.

El ejemplar era más pequeño que el promedio del tamaño de Berardius bairdii, tenía la carne más oscura (y no parecía ser a causa de la descomposición) y su aleta dorsal tenía una inclinación más pronunciada. Para ser un joven un zifio de Baird, tenía unos dientes amarillentos y algo desgastados, lo que suele ser común en ejemplares de mayor edad.

¿Qué es un zifio?

Es un cetáceo de la familia Ziphiidae que está emparentado con los delfines. Los zifios son también conocidos como zífidos, zíifidos e incluso ballenas picudas; esto último deriva de su nombre común en inglés (beaked whale). Estos escurridizos animales tienen una característica muy atractiva: su “pico” en el hocico, delgado, alargado y redondeado en la punta. Cuentan con un par de dientes, un cuerpo regordete y una piel a menudo marcada por numerosas cicatrices, que por lo regular son resultado de mordeduras de tollos cigarros (Isistius brasiliensis).

Rara vez son vistos, a pesar de que están ampliamente distribuidos en las aguas del mundo. Se sabe muy poco sobre su forma de vida y algunos de los más importantes hechos biológicos, como su reproducción. Entre los mejor conocidos están el zifio de Baird, el zifio de Arnoux (Berardius arnuxii) y el zifio de Blainville (Mesoplodon densirostris). Hasta el momento, existen 22 especies reconocidas, lo que constituye el 24 por ciento de la totalidad de las especies de cetáceos que se conocen.

La investigación

Muestras del ejemplar varado se enviaron a Phillip A. Morin, un biólogo molecular de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), quien tuvo la tarea de desentrañar el misterio de la identidad del cetáceo, junto con otros colegas. Después de un tiempo trabajando en las muestras el equipo publicó sus resultados en julio de 2016, bajo el título Genetic structure of the beaked whale genus Berardius in the North Pacific, with genetic evidence for a new species (Estructura genética del zifio del género Berardius en el Pacífico Norte, con evidencia genética para una nueva especie).

¿El veredicto?

Ni ballena barbada ni zifio de Baird, sino una nueva especie genéticamente diferente de otros zifios. Los científicos la colocaron dentro del género Berardius, el mismo del zifio de Arnoux y el de Baird.

UN ZIFIO DESCONOCIDO

Al menos para la mayoría de las personas. Los pescadores japoneses han hablado a lo largo de muchos años sobre avistamientos con los karasu, término japonés con el que llaman a estos animales de carne oscura y que significa “cuervo”. No obstante, no los consideraron una especie separada de otras. La nueva especie tiene la piel oscura, la carne aún más oscura y una aleta dorsal flácida y más grande que la de Berardius bairdii, pero con un tamaño corporal menor al de este. Son en realidad diferencias físicas muy sutiles a simple vista.

El ejemplar hallado en la costa de la isla americana no era el primero en manos de seres humanos. De hecho, de los 178 ejemplares considerados como zifios de Baird y que formaron parte de los estudios de ADN, se contabilizaron 8 especímenes genéticamente separados, incluido un esqueleto inesperadamente colocado en una escuela de las islas Aleutianas, Alaska, y un cráneo exhibido en el museo Smithsonian identificado como zifio de Baird.

Curiosamente, ninguno de estos 8 animales fue visto con vida, y los científicos todavía esperan poder avistar uno en el mar alguna vez.

Pero este hecho es apenas el comienzo de todo. No se sabe exactamente (aunque sí se infiere, debido a su parentesco con los demás zifios) cuánto tiempo vive, hasta dónde abarca su área de distribución natural y cuántos individuos hay en el mundo. Por las historias de los balleneros japoneses, se presume que este cetáceo es propio de las aguas del Pacífico Norte, en torno a las islas Aleutianas, el norte de Japón y el mar de Bering y que, como sus parientes, puede sumergirse a cientos de metros para buscar alimento durante mucho tiempo.

La especie aún no se ha identificado, por lo tanto, todavía no tiene un nombre científico ni común, pero es cuestión de tiempo su completa identificación. Posiblemente, reconocer sus características ecológicas implique más tiempo.

Fuentes

http://news.nationalgeographic.com/2016/07/new-whale-species/

http://www.npr.org/sections/thetwo-way/2016/07/27/487665728/mysterious-and-known-as-the-raven-scientists-identify-new-whale-species

https://swfsc.noaa.gov/news.aspx?ParentMenuId=147&id=22004

https://en.wikipedia.org/wiki/Beaked_whale