Un parque nacional para varanos.

El archipiélago indonesio: el único hogar de los dragones de Komodo

No hay castillos, no hay campiñas y tampoco fortalezas medievales. Generosamente verde y rodeada de aguas cristalinas, Indonesia es dominio de furiosos volcanes, de múltiples etnias, de profusa fauna y de los únicos dragones que existen en la Tierra: los varanos o dragones de Komodo, los lagartos más grandes y pesados del mundo.

Indonesia es uno de los países con mayor biodiversidad, favorecido por las numerosas islas que lo componen. Ahí confluyen orangutanes, hermosas aves del paraíso, leopardos y elefantes, pero la presencia de los varanos se limita a Komodo, Padar, Rinca, la sección oeste de Flores y más de una veintena de pequeñas islas que desde 1980 conforman el Parque Nacional de Komodo, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y hogar del varano en cuestión.

De belleza tan arrebatadora como serena, son islas volcánicas en las que el contraste entre el mar y la sabana seca ofrece un espectáculo sin igual.

El archipiélago indonesio.

No hay otro sitio del mundo al que puedan llamar hogar. Después de millones de años recorriendo sus suelos y comiendo de sus criaturas, difícilmente podrían moverse en otros territorios. Su presencia puede rastrearse a más de 40 millones de años atrás, cuando unos singulares reptiles se originaron en el continente asiático y comenzaron a diversificarse, aprovechando las bondades del clima y otros factores de tan antiquísima época. Estos reptiles fueron los primeros varanos, antecesores del que aquí nos ocupa.

Dicen que Komodo es más que dragones. Con un área de aproximadamente 390 km2 y siendo una de las 17,508 islas que constituyen Indonesia, es uno de los destinos favoritos de numerosos investigadores y turistas que pisan la tierra para avistar a los lagartos de aspecto prehistórico, pero en los últimos años el turismo tiene otra razón: el buceo en sus transparentes aguas, plenas de corales. El tono del mar invita a explorarlo, a sumergirse en el mundo acuático y a comprender aún mejor el hábitat del varano.

Las grandes masas de tierra no eran como las de hoy. Poco a poco, los varanos se movieron a la masa que hoy contiene a Australia, motivados quizá por las presas, quizá por la falta de competencia. Pero su paso por el país del canguro fue breve, ya que un choque entre Australia y las tierras del norte propiciaron el camino de algunos varanos hacia arriba. Pudo ser en la masa australiana o en la indonesia, pero un grupo de varanos comenzó a diferenciarse de sus semejantes a través de un largo proceso evolutivo, hasta el punto de convertirse en los hoy fascinantes dragones de Komodo.

Ya como especie, Varanus komodoensis encontró un hábitat adecuado, con laderas escarpadas y costas abundantes en arrecifes de coral en un clima que dio paso a una sabana con flora predominantemente seca. A falta de otros depredadores, se adaptó al entorno, consiguiendo un tamaño y un peso magnánimos, y una saliva letal tan potente como veneno de víbora.

Entre Flores y Sumbawa.

Ahí se encuentra Komodo, la isla que da nombre a la especie y la más famosa entre todas. Miles de personas coexisten con los dragones que la habitan, eso sí, cautas para evitar encuentros mortales. El sentido del olfato de la especie es muy fino, capaz de detectar carne descompuesta a 5 km de distancia y a sus congéneres a una distancia semejante. Con estas características, no hay presa que se salve y apenas un puñado de personas han salido airosas de sus garras afiladas.

En el este, Flores

Las lenguas romances no son propias de esta isla del este indonesio, pero conserva el nombre con el que los portugueses la bautizaron. Tiene una belleza no menor a la de Komodo, pero sí varanos ligeramente más pequeños que, sin embargo, no hacen evidentes sus diferencias. Algunas impresiones sugieren que su ferocidad aumenta en esta parte de su rango, tal vez como resultado de una menor cantidad de presas.

Visitar Flores es una actividad común para observar a los reptiles, y los pobladores están encantados de mostrar los terrenos naturales. No pocos guías ofrecen un recorrido suficientemente amplio para conocer de cerca la fauna y para maravillarse con la interacción natural.

Cuidado, los dragones campan a sus anchas en sus terrenos, aparentemente impasibles ante sus observantes que, impresionados, no dan crédito a su maravillosa existencia. Ver a un dragón de Komodo alimentarse es una experiencia inolvidable.

Rinca, Padar, Gili Motang.

Más pequeñas, posiblemente menos famosas y con una menor población, estas islas complementan el hogar del dragón de Komodo. Ofrecen una ventaja tremendamente valiosa para la especie: la poca perturbación humana, en vista de la relativamente escasa afluencia de visitantes, que prefieren acudir en tropel hacia Flores y Komodo cuando de observarlos se trata.

Perturbación en el Parque Nacional de Komodo.

La fascinación que el dragón de Komodo despierta es suficiente para las más de 18,000 personas que cada año visitan las islas, pero la consideración hacia la naturaleza salvaje de estos reptiles puede ser pasada por alto. A falta de vallas o estricta seguridad, la protección de lagartos y personas parece ser mínima. De hecho, el dragón de Komodo ha tenido mejores épocas, pues en la actualidad es un animal amenazado pese a estar legalmente protegido desde la década de 1930.

La protección de su hábitat, del parque nacional, es un elemento clave que podría hacer la diferencia.