¡Buenas nuevas!

En septiembre de 2016, el Servicio Nacional de Pesca Marina de Estados Unidos, división de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), anunció, para beneplácito del mundo, que 9 de cada 14 poblaciones de ballena jorobada se han recuperado hasta el punto de reunir las condiciones para dejar de considerarse en peligro. Tomó más de 40 años de esfuerzos, pero  hay buenas expectativas para esta especie de los mares.

La ballena jorobada, de nombre científico Megaptera novaeangliae, es un cetáceo incluido en el grupo de los rorcuales, mamíferos marinos con barbas y unos pliegues en la zona del cuello y el vientre que les permiten tragar grandes cantidades de agua. Ha tenido que sobrellevar siglos de persecución humana, problemas de contaminación y sucesos propios del cambio climático, pero puede decirse que los esfuerzos de conservación han valido la pena.

6 curiosidades sobre la ballena jorobada

1. Realiza la migración anual más larga entre todos los mamíferos.

2. Acostumbra llegar al mismo sitio de alimentación todos los años.

3. Aunque hay muchas poblaciones, no tiene ninguna subespecie reconocida.

4. Es la especie de rorcual más estudiada.

5. Solo los machos producen bellos cantos.

6. En 1991 se avistó en la costa de Australia al primer ejemplar albino de la especie, al que se llamó Migaloo.

La historia de la ardua recuperación de la ballena jorobada

Durante mucho tiempo los seres humanos han cazado ballenas para obtener su carne, grasa, barbas y otras partes de su cuerpo. Sin embargo, a partir del siglo XVII esto alcanzó otros niveles, unos en donde el comercio de sus partes se volvió el fin principal. En consecuencia, la población mundial de ballenas se redujo notablemente; algunas especies se volvieron muy escasas en donde antes eran abundantes, y entonces la humanidad comenzó a darse cuenta del grave peligro medioambiental que se avecinaba si sus acciones no tomaban otro rumbo.

La caza de ballenas jorobadas estuvo en auge entre los siglos XVIII y XIX, especialmente en el océano Atlántico. A principios del siglo XX el declive de la población mundial ya era evidente; se estima que entre 1900 y 1940 se sacrificaron más de 100,000 ballenas jorobadas solo en el hemisferio sur, y en 1966 la población mundial era de varios miles individuos. En ese año, la Comisión Ballenera Internacional le otorgó protección contra la caza comercial en todo el mundo. En aquellos tiempos constituyó una medida urgente, que podría compararse con el angustioso caso actual de la casi extinción de la vaquita marina, otro cetáceo. En 1986 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) catalogó a la ballena jorobada como una especie en peligro.

Megaptera novaeangliae se distribuye en un rango geográfico muy amplio, por lo que los expertos reconocen varias poblaciones repartidas en regiones específicas. En 1970, Estados Unidos incluyó a todas las poblaciones en la lista de especies en peligro de extinción, y en 1982 la CBI impuso una moratoria, el fin de la caza comercial de ballenas en general, que entró en vigor en el período 1985-1986. Pero la prohibición de la caza no fue el único factor para la conservación de la especie, pues la caza no es lo único que reduce el número de individuos.

Además de lo anterior, varios países han creado santuarios donde se les protege de la perturbación humana, y muchas organizaciones han realizado numerosas investigaciones que han ayudado a comprender mejor a estos mamíferos marinos. La UICN colocó a la especie en la categoría “Vulnerable”, y en 2008, por fin la puso en “Preocupación Menor”, categoría en la que se hallan las especies que no enfrentan graves problemas de supervivencia.

A pesar del panorama positivo que comenzó a vislumbrarse a finales de la década de 1990, había un detalle: considerar la existencia de las diferentes poblaciones, y de su estado de conservación.

Aquellas localizadas en partes del mar Arábigo, del Pacífico sur en Oceanía, en el oeste del Pacífico Norte y la costa oeste de África, todavía eran escasas.

En 2016, de acuerdo con el informe de NOAA, la mayoría de las poblaciones conocidas de ballena jorobada gozan de una buena expectativa y el número de individuos está aumentando, especialmente aquellas nativas del hemisferio sur. La estrategia de separar a la especie en varias poblaciones ha sido clave para la recuperación, ya que ha permitido enfocar esfuerzos de conservación particulares a cada una, según sus necesidades.

 

En algunas regiones el peligro de caza es menor o las ballenas no son tan susceptibles a la contaminación como otras, y así los expertos pueden planear la forma en que gestionan la población específica. Anteriormente se les estudiaba como un solo gran grupo.

 

¿Debemos dejar de preocuparnos?

Naturalmente, no. 5 poblaciones todavía requieren apoyo para mejorar su situación. De ellas, 4 se encuentran en peligro de extinción y 1 está amenazada. Asimismo, 2 de las que están en peligro llegan a aguas de Estados Unidos, y la que llega a mares mexicanos es la que está amenazada. El trabajo no ha terminado, pues además de la tarea de ayudar a aumentar el número de ballenas de estos grupos, es muy importante mantener el estado de las más favorecidas, para evitar un retroceso.

Y así es como los seres humanos afectamos la naturaleza, pero cuando nos disponemos a resarcir nuestras acciones negativas, podemos lograr cambios importantes.

Fuentes

http://www.noaa.gov/media-release/successful-conservation-efforts-pay-off-for-humpback-whales

http://news.nationalgeographic.com/2016/09/humpback-whale-delisting-endangered-species-recovery/

http://www.arkive.org/humpback-whale/megaptera-novaeangliae/image-G5712.html

http://www.iucnredlist.org/details/13006/0