Una aleta sobresaliente en medio del mar es ya una icónica imagen que remite a los hoy temidos tiburones. Despiertan miedo, angustia, terror e incluso fobia. ¿Admiración? Muchas veces. ¿Respeto? La mayoría. ¿Amor? Posiblemente. Pero antes de que la historia se viera sacudida por los inusuales casos de matanzas de personas por un tiburón en 1916 y aun antes de que Steven Spielberg magnificara el terror a los escualos con su película de 1975, los tiburones fueron más que respetados: fueron venerados.

Deidades marinas

Pueblos costeros de la antigüedad y de épocas más recientes tuvieron un contacto con los tiburones distinto al que las sociedades occidentales de hoy tienen con ellos. En el Pacífico, fueron peces protectores, guerreros y criaturas cargadas de magia y simbolismo. La mitología hawaiana es una de las más ricas en deidades que toman forma y características de tiburones. De acuerdo con su cosmogonía, entre las islas de Maui y Kahoolawe vivía pacíficamente Ka-moho-aliʻi, el dios tiburón que guiaba a los navegantes perdidos a su hogar y que había llevado a los hawaianos desde el continente hasta la isla. Desde aquí se parte del importante papel del tiburón en la cultura al estar vinculado con los mitos de creación y orígenes del pueblo.

El aspecto benevolente del pez se remarca con la creencia en Ukupanipo, otro dios tiburón al que se adjudicaba la capacidad de controlar la cantidad de animales que los pescadores podían capturar, y por consiguiente, el éxito del pescador.

Más conocido y sumamente respetado y venerado, Dakuwaqa fue tema de numerosas esculturas talladas en piedra. Era el protector de los pescadores, el guardián de los hombres que se hacían a la mar, el defensor ante las criaturas peligrosas que podían acechar en las profundidades marinas.

En las islas Fiji Dakuwaqa protegía el arrecife devorando lo que osaba cruzar el territorio. En Tahití, los nativos creían en Ta’aroa, el dios creador de todo lo existente y hacedor de vida y muerte, cuyas sombras tomaban la forma de un tiburón azul o de una ballena. Los pobladores de las islas Salomón tenían creencias similares. El espíritu del mar, Adaro ni matawa, tenía una cabeza de tiburón y era objeto de reverencia.

Tótems y ancestros

Pero la estampa protectora del tiburón no eliminaba su naturaleza depredadora. No pocas leyendas mencionan a los amakua, antepasados que adquirían el carácter de deidad y que generalmente eran tiburones. Una de las muchas leyendas de Hawái cuenta que una mujer cayó en los dominios de un tiburón, y a punto de ser devorada le dijo que él era su amakua, por lo tanto, no podía tomarla. El tiburón la dejó libre, indicándole que las marcas de dientes en sus tobillos le recordarían a sí mismo que era un amakua. Algunos dicen que es por esto que personas de algunos pueblos del Pacífico se tatúan un tiburón en el tobillo.

 

Muchos polinesios creían que algunos tiburones podían albergar el espíritu de personas muertas, por lo que se les tenía en alta estima y las personas preferían no molestarlos, e incluso pudieron ser adorados. Según antiguas historias locales, algunos tiburones “poseídos” rescataron del mar a sus familiares humanos, llevándolos a tierra en la espalda o la mandíbula.

Por su parte, los aborígenes australianos conocían una amplia diversidad de tipos de tiburones, al ser el territorio hábitat y punto de visita natural de decenas de especies. Siendo usuales en las costas, reconocían su poder, los miraban como animales dignos de respeto y les temían; sin embargo, era un temor respetuoso, racional, objetivo. Su relación con los escualos era más sana aun cuando estos formaban parte de su dieta. Conscientes de su importancia en la naturaleza y creyendo que sus antepasados pusieron a los animales del mar a su disposición bajo leyes antiguas so pena de recibir castigos por atentar contra las relaciones con las especies, acostumbraban capturar según estaciones.

Las figuras de tiburones fueron tótems comunes. De hecho, los tótems no son ajenos a varios pueblos de Australia y el Pacífico. En el noreste de la Tierra de Arnhem, los nativos del pueblo yonlngu creían que un tiburón ballenero, conocido como Mäna, se encontraba un día nadando a lo largo de la costa cuando se quedó dormido sobre la arena. Despertó al sentir el daño que un antepasado mitológico le propinaba debido a su negativa a tener cerca de él a otras criaturas. Presa del enojo, Mäna arrastró a su atacante dentro del mar, y de su furia nacieron ríos, árboles ribereños y multitud de formas que dominan el paisaje de la región.

La profusa mitología tejida alrededor de la figura del tiburón es, como puede verse, más amplia y, a menudo, menos oscura que la que ha llegado a reproducirse cientos de veces.

Fuentes

http://www.smithsonianmag.com/science-nature/sharks-and-humans-love-hate-story-180959600/?no-ist

http://www.mesa.edu.au/seaweek2005/pdf_senior/is08.pdf

dlnr.hawaii.gov/sharks/hawaiian-mythology/ancient-uses/

dlnr.hawaii.gov/sharks/hawaiian-mythology/legend-the-shark-that-came-for-poi/

dlnr.hawaii.gov/sharks/hawaiian-mythology/ancient-uses/

http://www.fondodeculturaeconomica.com/subdirectorios_site/libros_electronicos/desde_la_imprenta/046235R/files/jaime_tiburones.pdf