En 1582, el papa Gregorio XIII introdujo el calendario gregoriano como una modificación del calendario juliano, que había sido el más usado en la mayoría de los países de Europa desde el 46 a. C. cuando Julio César lo promulgó. No fue casualidad o un simple capricho, sino que los astrónomos de la época y el pontífice se dieron cuenta de que el calendario anterior ya no era tan preciso con su duración promedio de 365.25 días, por lo que hicieron los ajustes necesarios para reducirlo a 365.2425 días.

Esta no fue la primera modificación de un calendario, pues ya el propio calendario juliano era una reforma del antiguo calendario romano. Sin embargo, al otro lado del océano, una civilización mesoamericana profundamente conocedora del movimiento de los astros observó con atención la brillante figura de Venus en el cielo, y mediante innovadores cálculos matemáticos ajustó su propio calendario para celebrar rituales acordes con su cosmogonía.

Gerardo Aldana, profesor de Antropología y Estudios Chicanos de la Universidad de California en Santa Bárbara, dice que la Tabla de Venus, una notable parte del Códice Dresde, fue plasmada a partir de innovaciones matemáticas y astronómicas más notables de lo que se ha creído hasta ahora, y que la observación de Venus permitió ajustar el calendario maya.

Actualmente sobreviven unos pocos, y los más famosos son el Códice Dresde, el Códice de París y el Códice de Madrid; estos nombres les fueron dados por la ciudad en donde se conservan.

¿Qué es un códice?

Es un libro elaborado antes de la invención de la imprenta de tipos móviles, que ocurrió en el siglo XV. Los mayas crearon muchos códices en los que registraron sus observaciones astronómicas, sus crónicas e historias y otros asuntos de interés de su sociedad.

Los códices mayas eran libros cuidadosamente pintados con tintas vegetales y escritos con jeroglíficos de su idioma, en un papel hecho con la corteza interior de ciertos árboles. Antes de la conquista española los mayas tenían una gran cantidad, pero la mayoría fueron quemados por sacerdotes y conquistadores españoles que vieron en ellos peligro de idolatría. Fray Diego de Landa, un misionero español de la Orden Franciscana, se encargó de mandar a la hoguera el mayor número de códices y figuras mayas que encontró en el siglo XVI.

La historia del Códice Dresde

El Códice Dresde, o Codex Dresdensis, es un antiguo texto del siglo XI o XII de 39 hojas escritas en ambas caras, cuya longitud es de 3.56 metros. Se presume que es la copia fiel de un texto realizado hacía 3 o 4 siglos. Es originario de la zona de Chichén Itzá, en la Península de Yucatán, y es el libro escrito más antiguo de América que se conoce.

Originalmente doblado en forma de acordeón y hoy exhibido doblado en dos partes, contiene tablas astronómicas, en las que se incluye la Tabla de Venus, detalles sobre las apariciones de este planeta, otras tablas astrológicas y astronómicas y calendarios rituales. Los mayas usaron los conocimientos acerca de Venus para celebrar muchas actividades, tales como rituales y guerras. Hoy este códice se exhibe al público en el Saxon State and University Library Dresden, una importante biblioteca de la ciudad alemana.

La historia de su llegada a Europa es un poco difusa; se cree que Hernán Cortés lo envió al monarca Carlos I de España en 1519, y en 1739 el director de la biblioteca de Dresde lo obtuvo de un particular. En cualquier caso, más extraño es que haya sobrevivido a la masiva quema de códices y figuras mayas.

Lo que el Códice Dresde revela de la ciencia maya

Apenas entre 1880 y 1890 el historiador, matemático, lingüista y bibliotecario Ernst Förstemann comprendió los jeroglíficos mayas del códice que durante tanto tiempo fue inentendible. Además de descifrar el sistema de numeración que contenía, descifró los calendarios y la Tabla de Venus, indicando que se trataba de mediciones sobre el planeta. En la década de 1920 el científico John Teeple sugirió que los mayas hacían uso de técnicas avanzadas para corregir imprecisiones en su calendario debido al ciclo irregular de Venus.

Gerardo Aldana, en su estudio Discovering Discovery: Chich’en Itza, the Dresden Codex Venus Table and 10th Century Mayan Astronomical (Descubriendo el Descubrimiento: Chichén Itzá, la Tabla de Venus del Códice Dresde y el siglo 10 maya astronómico), publicado en la revista Journal of Astronomy in Culture en agosto de 2016, dice que la Tabla de Venus ha sido muy subestimada durante muchas décadas, y que el ajuste de su calendario se dio a través de una observación muy precisa y detallada, siguiendo pautas de un método científico.

El astrónomo detrás de la Tabla de Venus

Lo más interesante de aquello es que dichas observaciones parecen haber sido obra de un astrónomo destacado, que pudo haber trabajado bajo órdenes de  K’ak ‘U Pakal K’awiil, un hombre de gran importancia en la sociedad maya. Hay quien compara a este anónimo astrónomo con Nicolás Copérnico, célebre por formular públicamente la teoría heliocéntrica en el siglo XVI.

¿Y para qué ajustar el calendario? Aldana cree que, más que una tarea para intentar mejorar la precisión como fin último, lo que los mayas de Chichén Itzá deseaban era aumentar la precisión para hacer más exactas las fechas de sus rituales, ceremonias y posiblemente otras importantes actividades de su sociedad, basadas en la observación de Venus. Se sabe que este planeta estaba relacionado con la guerra. En síntesis, lo que esto nos sugiere es que las ciencias planetarias ya eran dominadas por los mayas, décadas antes de que Copérnico revolucionara la astronomía.

Los mayas, las matemáticas y la astronomía

La civilización maya, que habitó partes de México, Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador, emergió como una de las más avanzadas de su época en cuanto a ciencias. Su sistema de numeración vigesimal se representaba con puntos y líneas, y a diferencia de otros pueblos del mundo, conocían bien el concepto del cero y lo representaban con la forma del grano de cacao. Su calendario era de una precisión encomiable, de hecho, el año solar maya era más exacto que el año juliano.

Los astrónomos mayas ya usaban observatorios y miraban la posición y movimiento de los astros para calcular eventos importantes, todo lo cual registraban en sus códices. Algunos de sus templos y palacios están alineados con los astros; por ejemplo, durante el equinoccio de primavera se produce en la pirámide de Kukulkán, en Chichén Itzá, un juego de luces que hace ver a la serpiente emplumada bajando las escalinatas. Un efecto que solo pudo ser obra de una cuidadosa planeación basada en cálculos astronómicos.

Fuentes

http://escholarship.org/uc/item/6cr1s6jd?query=gerardo%20aldana#page-1

http://www.news.ucsb.edu/2016/017062/mayan-moment

http://www.livescience.com/55837-mayan-astronomers-made-sophisticated-calculations.html

http://www.historymuseum.ca/cmc/exhibitions/civil/maya/mmc07eng.shtml

https://en.wikipedia.org/wiki/Calendar

http://adsabs.harvard.edu/full/1991JRASC..85..291W