La fauna salvaje tiene dos grandes bandos: depredadores, que cazan a otros animales para comer y satisfacer otras necesidades, y presas, que constituyen el alimento de los depredadores. Los primeros confían en su fuerza, su tamaño, su rapidez o su inteligencia para capturar animales, y los segundos en sus defensas químicas, su capacidad de camuflaje y aun en su fuerza, tamaño, rapidez o inteligencia para escapar de sus enemigos.

El halcón peregrino goza de una merecida fama como depredador eficaz, mientras que el correlimos semipalmeado, menos conocido y más pequeño, debe cuidar sus espaldas continuamente para evitar caer en las garras del halcón peregrino. No obstante, su pequeño tamaño no le impide escapar por muy poco de su depredador, y ambas especies entablan una especie de dinámica de control mental.

Acompáñanos a conocer las inteligentes tácticas de dos aves tan diferentes en su apariencia y sus capacidades físicas, pero, aparentemente, similares en sus capacidades mentales.

El depredador

El halcón peregrino (Falcus peregrinus), el ave y el animal más rápido de la Tierra, es una impresionante ave de presa o de rapiña de garras afiladas, pico curvo y puntiagudo, aguda visión y excelente oído. Su velocidad supera los 322 km/h (y puede alcanzar los 350 km/h) al volar en picada durante la captura de alimentos. Sus presas favoritas son aves medianas, sin desdeñar desde colibríes hasta grullas canadienses.

Su tamaño, de alrededor de 58 centímetros de longitud y 120 centímetros de envergadura, no es su principal arma, sino el conjunto perfecto entre su velocidad, astucia y agilidad. Dueño de todo esto, persigue a una asustada presa hasta cansarla o atacarla, y entonces la captura en el aire o en el suelo.

 

La presa

El correlimos semipalmeado (Calidris pusilla) es dueño de un cuerpo menudo, de un pico estrecho y de patas delgadas y alargadas. Es un ave migratoria que por lo común llega a las costas de la Bahía de Fundy, Canadá, y a la Bahía de Delaware, Estados Unidos, lugares en donde encuentra abundante comida y donde puede aparearse y criar. Sin embargo, ahí también encuentra enemigos…

El juego

Cuando los correlimos migran a las costas canadienses, llegan en enormes bandadas de hasta 100,000 aves, haciendo ruido al mover sus alas contra el aire y al posarse en grupo sobre el suelo arenoso. Ahí están a sus anchas y buscan alimento entre el lodo y la arena. Arriba, el halcón peregrino las observa detenidamente, formándose en sus ojos el brillo del hambre.

Desde la perspectiva del ave rapaz, los correlimos forman una gran masa apetitosa. Podría ser fácil lanzarse al vuelo y capturar rápidamente una presa, pero se toma su tiempo en atacar, a veces hasta 1 hora. En un momento impredecible, toma impulso y se avanza rápido hacia un correlimos, probablemente escogido al azar, lo captura con rapidez, lo despedaza y lo come, mientras las demás aves huyen despavoridas, al menos durante un tiempo.

Detrás del juego

Guy Beauchamp, un científico de la Universidad de Montreal, se preguntó por qué unas aves tan rápidas y ágiles como los halcones peregrinos tardan en atacar a los correlimos, que no pueden competir con ellas en velocidad, y en qué beneficia este hecho extraño a las especies. Al cabo de varios meses de observación y estudio en Canadá, encontró que los correlimos no son tan incautos como creía y los halcones no están faltos de apetito como para retardar su caza.

Lo primero que Beauchamp descubrió fue que la mayoría de los halcones prefieren esperar un tiempo antes de atacar, de modo que sus presas nunca saben el momento exacto en el que pueden verse afectadas. Así, en vez de cazarlas justo cuando llegan en bandada por el aire o cuando apenas se posan sobre el suelo, parecen tratar de generar expectativa o manipular el nivel de miedo en los correlimos, que no saben cuándo ni quién será atacado. Sin las presas poder predecir esto, el halcón aumenta su éxito de caza.

Pero una sorpresa aún mayor llamó la atención: algunas veces, los correlimos no acuden a los lugares usuales, ausentándose grandes bandadas y volviendo de vez en cuando. A decir de Beauchamp, estas pequeñas aves también pueden estar manipulando la mente de sus depredadores, así que estos no pueden estar seguros del momento en que pueden tenerlas a su disposición. Sería una buena táctica antidepredadores. ¿Quién podría decir que halcones y correlimos podrían ser parte de un juego psicológico, en el que uno intenta engañar al otro?

Instinto o comportamiento aprendido… aún Beauchamp no lo determina. Pero lo que sí es cierto es que los animales pueden demostrar astucia de formas inimaginables.

Fuentes

http://www.bbc.com/earth/story/20160124-falcons-can-control-their-preys-minds

http://www.arkive.org/peregrine-falcon/falco-peregrinus/

https://en.wikipedia.org/wiki/Semipalmated_sandpiper

http://beheco.oxfordjournals.org/content/early/2010/03/15/beheco.arq032.full.pdf