Se prepara una forma ingeniosa que prevendría enfermedades

El mosquito es el principal vector de muchas de las enfermedades que ocasionan epidemias y miles de muertes cada año. Incluso se le cataloga como uno de los animales más peligrosos del mundo, por delante de feroces carnívoros que más terror despiertan, como los tigres y los tiburones. La OMS indica que casi la mitad de la población mundial está en riesgo de padecer malaria y que la fiebre chikunguña se ha detectado en más de 60 países de África, Asia, Europa y América.

No todos los mosquitos chupan sangre, y no todas las especies son vectores de las enfermedades. Pero las que sí, representan un gran peligro una vez que se posan sobre la piel y chupan una mínima cantidad de sangre. El problema podría tener solución si se logra que lo que nos dota de “sabor humano” se alterara, de modo que resultara repulsivo para los mosquitos y se mantuvieran alejados de nosotros.

Es lo que sugieren investigadores de la Universidad Johns Hopkins, quienes están estudiando la forma en que detectan y procesan los sabores para identificar alguna sustancia que haga al “sabor humano” desagradable, o mejor aún, repulsivo para los insectos, y así no se verían tentados por picar.

Anatomía de una picadura de mosquito

Existen más de 3,500 especies de mosquitos, miembros de la familia Culicidae. La mayoría de ellos son pequeños, con tres pares de patas alargadas y una estructura en la cabeza en forma de probóscide, usada para la alimentación. Son las hembras de algunas especies las que insertan sus piezas bucales en la piel y, en tanto que liberan una sustancia de su saliva que funciona como anticoagulante, beben rápidamente. Al terminar (si no reciben un certero manotazo) se retiran mientras su víctima comienza a sentir comezón en el piquete como resultado de una reacción alérgica a la saliva del insecto.

El estudio, Organization of olfactory centres in the malaria mosquito Anopheles gambiae (Organización de los centros olfativos en el mosquito de la malaria Anopheles gambiae), publicado el 3 de octubre de 2016 en la revista Nature communications, menciona una posibilidad interesante para evitar la picadura del mosquito que ocasiona la malaria, perteneciente a un complejo llamado científicamente Anopheles gambiae. Sin embargo, el éxito abriría las puertas a la posibilidad de que se ampliara hacia el combate de picaduras de otros tipos de mosquitos.

La malaria o paludismo es una enfermedad infecciosa producida por protozoos del género Plasmodium que se encuentran en los mosquitos Anopheles gambiae. Está presente en las regiones tropicales del mundo desde hace mucho tiempo, y si no se trata, provoca fiebres agudas muy altas, ictericia, dolor muscular y a veces la muerte. Una vez en el cuerpo, los protozoos pueden permanecer latentes durante meses o años. Gran parte de los casos y las muertes tienen lugar en el África subsahariana, Asia, Latinoamérica y Oriente Medio. Plasmodium falciparum, el principal parásito que ocasiona la malaria, produce alrededor de 450,000 muertes al año, una cifra alta aún para los estándares actuales.

Los métodos modernos para disuadir y eliminar mosquitos no han cambiado desde hace mucho tiempo. En las regiones más vulnerables se acostumbra proteger los lugares de descanso, así como puertas y ventanas, con mosquiteros, lo cual reduce el riesgo de que los insectos penetren. El uso de repelentes tópicos de insectos también es una medida muy popular, fácil y relativamente barata para mantenerlos a raya. Muchos gobiernos emplean sustancias químicas que se rocían en el ambiente o se colocan en depósitos de agua para impedir el desarrollo de los mosquitos. Otros productos en aerosol con el mismo fin también son comunes.

Décadas atrás se usó el Dicloro difenil tricloroetano, mejor conocido como DDT, como método para el control de mosquitos responsables de la malaria, pero tras un tiempo de uso masivo, dejó de emplearse debido a la preocupación por los peligros que implicaba, incluida la resistencia de los mosquitos ante sus efectos. Aún hoy en día muchas personas se preocupan por los efectos que las sustancias químicas presentes en los productos para combatir mosquitos pudieran tener en la salud.

¿Qué atrae a los mosquitos?

Los mosquitos no pican al azar, aunque tampoco escogen concienzudamente una víctima. Lo que sucede es que hay ciertos factores en ciertas personas que las hacen más vulnerables ante los zancudos.

-Dióxido de carbono. Todos exhalamos este gas, pero, si por alguna razón exhalamos mucho o en dirección de los mosquitos, estos acudirán en tropel.

-Sudor y calor. Los insectos se sienten atraídos hacia personas calientes y sudorosas, ya que el sudor contiene ácido láctico, ácido úrico y amoníaco. Una persona que está haciendo ejercicio es un imán para ellos.

-Ropa oscura. Los tonos oscuros de la indumentaria hacen que una persona destaque ante la visión de los mosquitos.

Debido a que las mujeres embarazadas exhalan una cantidad mayor de dióxido de carbono y tienen una temperatura ligeramente mayor que el promedio, son más propensas a las picaduras que otras personas.

Cambiando nuestro sabor

Para identificar una persona viable de la que alimentarse, los mosquitos se guían por su sentido del olfato y de la vista, además de la temperatura y la humedad que perciben.

Las sustancias que nuestro cuerpo despide son un enorme atractivo, pero ninguna persona es inmune a una picadura. El estudio de los investigadores de la Universidad Johns Hopkins sugiere que en el cerebro de los mosquitos existe un área especializada en donde se mezcla la información de los olores y los sabores y en donde se “crean” los sabores que ellos prefieren.

El sentido del olfato tiene un rol particularmente importante, ya que es lo que les indica en dónde se hallan los mejores alimentos. A diferencia de otros insectos, los mosquitos poseen 3 pares de órganos que funcionan como narices: dos antenas, dos palpos maxilares y dos labellum. La punta de su probóscide cuenta con dos estructuras con células gustativas y células olfativas.

El objetivo del estudio es precisamente conocer los sabores que ellos encuentran malos. Mediante una técnica genética nunca usada en mosquitos en la que las neuronas olfativas brillaron en color verde, los científicos aislaron la región en donde tiene lugar la expresión en las neuronas olfativas, observaron las neuronas olfativas de detección y se dirigieron a las neuronas sensoriales. Descubrieron que, además del sentido del olfato, ciertamente nuestro sabor les gusta, y que es muy probable que los olores que nuestra piel despide influyen en el sabor que ellos encuentran muy agradable.

Ahora, lo que intentarán hacer los investigadores es descubrir cuáles son las neuronas que los repelentes convencionales inhiben o activan, ya que, aunque se sabe qué sustancias los repelen, no se entienden bien las razones biológicas, es decir, qué sucede en las neuronas olfativas. Ya se está pensando en la posibilidad de crear alguna especie de repelente muy eficaz que podría reducir la probabilidad de que los mosquitos se acerquen, pero también que se alejaran de nuestro cuerpo debido al sabor desagradable encontrado en la piel.

Jirafas

Los más optimistas creen que el descubrimiento podría tener aplicaciones también en el combate contra los mosquitos vectores de los parásitos causantes del chikunguña, zika y dengue.

Fuentes

http://www.hopkinsmedicine.org/news/media/releases/altering_the_flavor_of_humans_could_help_fight_malaria

http://www.nature.com/articles/ncomms13010

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs094/es/

http://www.smithsonianmag.com/science-nature/why-do-mosquitoes-bite-some-people-more-than-others-10255934/?no-ist

http://www.cbsnews.com/news/mosquito-research-on-humans-flavors-fight-malaria-zika/